“Alquilar, un drama”, Los Andes

Los  Andes Online

Sábado 10 de julio de 2010
Vivienda

Pagar el alquiler, purchase un drama familiar

Mucha gente tiene problemas para cancelar el canon pedido por el propietario. Culpan a la inflación, los bajos salarios y a la falta de trabajo. En Mendoza alquilan casa unas 12 mil familias.

Pagar el alquiler, un drama familiar

Presupuesto. La búsqueda de menor precio lleva a muchas familias sin casa propia a elegir lugares más alejados.

lunes, 31 de mayo de 2010

El drama mensual que les genera a varias familias mendocinas pagar el alquiler no aparece reflejado en ninguna estadística ni hay manera de medirlo con precisión.

Es que estamos hablando de la desazón que les produce a muchas personas la sensación de “no llegar” a cancelarlo porque la inflación, los salarios que no la acompañan, la falta de trabajo y otros costos del hogar; conspiran fuerte contra la tranquilidad de los individuos que no tienen casa propia.

Si bien desde las inmobiliarias dan números que reflejan un mercado en recuperación y con morosidad normal (ver aparte), admiten que mucha gente tiene problemas para llegar al monto que le pide el propietario de la casa en la que vive.

A gastar menos

Viviana Montiel (44) tiene dos hijos de 13 y 16 años, trabaja medio día haciendo tareas administrativas y su marido es empleado de un comercio. Afirma que desde hace tres años los problemas para pagar el alquiler comenzando siendo un “alerta menor” y ahora ya lo considera un “problema grave” dentro de los gastos que configuran el presupuesto familiar.

“Entre mi marido y yo no juntamos 5 mil pesos entre los dos ingresos. Mi sueldo se va para pagar el alquiler, y con el de mi marido afrontamos los demás gastos”.

Esta es la situación actual de Viviana, quien recuerda que las alertas comenzaron cuando veía que no le iba quedando casi dinero de su sueldo, porque se lo llevaba todo la cancelación del canon de la propiedad en la que vive.

Con el tiempo, la preocupación inicial se transformó en amargura: “Hoy se va mi sueldo y quizás en un par de años no alcance y tengamos que ayudar con el de mi marido, si bien pagamos en término nos cuesta llegar a fin de mes solamente con lo que él gana y eso nos amarga porque trabajamos y no podemos estabilizar las cuentas”, confiesa con tristeza Viviana.

Luego agrega: “Vivís pensando en cómo hacer para gastar menos, te cuidas en la luz, en el teléfono, en el gas y en cualquier gasto que no sea estrictamente necesario para vivir”.

Miguel Fiochetti (48) ya no piensa en su casa propia, sabe que las limitaciones que existen para obtener un crédito para financiar la compra o construcción de un inmueble son imposibles de superar para él. Este hombre, que se dedica a la venta de autos, tiene tres hijos y su mujer no trabaja.

“Cada vez me cuesta más pagar el alquiler porque todo sube. Aumentan los sueldos, pero el aumento no alcanza para hacerle frente a la suba de la obra social, del supermercado y de todos los costos que demanda una familia”. Además del sueño del techo propio, Miguel también archivo “las salidas a comer en familia o sólo con mi mujer, las idas al cine, el ahorro, las vacaciones y el mantenimiento del auto”.

“Vas resignando algo todo el tiempo y empeora tu calidad de vida, esto no sé cómo termina. Seguiré haciendo esfuerzos porque no quiero ir a vivir a lo de mis suegros ni a la casa de mis padres”.

Jorge Irrera (55) trabaja para el Estado y alquila un departamento de tres ambientes en Godoy Cruz. El pago mensual de ese inmueble es otra carga para él, junto con los gastos que les genera mantener a sus dos hijos y a su esposa, quien hace algunas labores menores arreglando ropa.

Se queja porque no le gusta estar esperando el monto que gastará en el supermercado, como si fuera la sentencia de un juez. Es que Jorge hace tiempo que sabe que tiene que apretar el bolsillo para poder entregarle al propietario el monto total que le cobra por el inmueble en el que vive.

“Empecé a trabajar a los 18 años y al tiempo me agarró el Rodrigazo, después no paré, me tocaron todas las crisis y tuve que afrontarlas. Hoy la inflación nos complica y eso hace que me retrase en el pago del alquiler y de otros gastos porque los sueldos no suben tanto como sube el alquiler, la comida y la ropa. No me gusta vivir así, me gusta cumplir, pero cuando la plata no te alcanza tenés que dejar de pagar y priorizas la comida”.

Faltan casas

Edgardo Civit Evans, titular de la Unión Interprovincial de Entidades de Vivienda (Unidevi) estima que en Mendoza hay unas 12 mil familias que alquilan. Considera que además de los problemas inflacionarios y salariales, falta una política de vivienda.

“La gente de clase media y media baja, que no llegan a juntar 5 mil pesos por mes entre los dos miembros de la pareja, son considerados ricos para el Instituto Provincial de la Vivienda y pobres para los bancos porque no pueden sacar ningún crédito y comprarse una casa”.

También criticó los planes de financiación que promovió el Gobierno para comprar casas: “Pagas 1.400 pesos durante dos años y después la cuota sube, ahora hay muchos que entraron y se les hace muy difícil pagar. Además, ese monto puede significar 50% o más del sueldo de un jefe de familia, así es imposible tener crédito para nada”.

No se equivoca Civit Evans, el salario promedio en Mendoza según el Indec llega a los 1.900 pesos. “En Mendoza hay un déficit de 120 mil viviendas, además por el crecimiento poblacional hay que construir 40 mil casas por año y eso no sucede. Hay que volver a los créditos tradicionales a 30 años con tasa fija y que no representen más del 20% del salario real”, indicó Civit Evans.

Cuesta abajo

Los números no cierran, cuesta poner la cabeza en otra cosa y el agobio avanza. Más allá de los números, las desventajas del sistema financiero, la inflación, los sueldos que no alcanzan y la gran cantidad de matices que impiden que las personas lleguen tranquilos a pagar el alquiler o puedan tener su propia vivienda.

Civit Evans es claro cuando afirma: “Tener una casa propia genera estabilidad en la familia”.

Esto también lo explica Ruth Jara (45) con claridad: “Es muy desgastante vivir con esa sensación de no llegar a fin de mes, de no poder pagar el alquiler y de estar rogando que no llegue un gasto imprevisto. Te sentís mal porque cuando juntaste el dinero, después de trabajar y privarte de cualquier gusto, terminó el mes y tenés que empezar de nuevo”.
Textos: Gastón Bustelo

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