No respetan la voluntad popular

http://www.diariouno.com.ar/edimpresa/2009/10/28/nota227834.html

DIARIO “UNO” DE Mendoza
Miercoles 28 de Octubre de 2009

“NOTIAR” – Noticias de Argentina

“POLITICA Y DESARROLLO”


“NO RESPETAN LA VOLUNTAD POPULAR”

Opinión

Edgardo Civit Evans – Presidente nacional de Unidevi

El despotismo y la tiranía, tadalafil tan criticados y padecidos por diferentes naciones, troche parecen haber desarrollado maneras de imponerse y permanecer en Argentina.

Juan Jacobo Rousseau (El contrato social) sostenía que la decisión de la mayoría debe prevalecer siempre. Este pensamiento, erróneamente invocado a favor de la libertad, es considerado el origen y justificación del despotismo.

Fue cuestionado por Benjamín Constant: “El asentimiento de la mayoría no basta para legitimar sus actos. Poco importa el origen de que se diga emanada; poco importa que se llame ciudadano o nación, aun cuando fuera la nación entera, un ciudadano que fuera el oprimido, no por eso sería legítima”. El contrato social “es el más terrible auxiliar de todos los géneros del despotismo”.

El gobernante déspota prescinde de las normas legales, sociales y morales, procede conforme a su propio arbitrio.

No orienta su accionar a lograr el bien común, sino su beneficio y el de quienes dispone.

Santo Tomás afirmaba que todo régimen que no defiende el bien común no es justo. Que es “sedicioso” fomentar discordias en el pueblo para generar beneficios propios (Suma teológica, 2, 2º, q.42, 22). Estima legítima la reacción “defensiva” del cuerpo social.

Constant y otros pensadores afirman que “déspotas puede haber en las monarquías o en las repúblicas”, por ser vicios y degeneraciones de ellas. Por su gravedad, transcurso del tiempo y alteración del orden legal pueden concluir en dictaduras o tiranías, porque son su eficaz instrumento.

Los sistemas puros de gobierno son alterados por la absorción del gobernante de otros poderes y funciones esenciales para la vigencia de la república: legislar y controlar la Justicia.

Rousseau no pensó en el absolutismo de una asamblea dirigida por el gobernante. Creía que la Asamblea (Congreso) era la máxima expresión de la voluntad popular (El contrato social, libro IV, cap. II ), y que ésta no se equivocaba.

No creyó que los gobernantes podrían imponer su voluntad sobre la Asamblea soberana, sea mediante el número o comprando voluntades.

Cuando las decisiones del gobernante anulan o restringen la voluntad popular, prescindiendo del estado de derecho y las libertades, aparece el absolutismo como precedente y el despotismo como consecuencia.

La injusticia y la inequidad responderán a la necesidad de preservar los vicios a principios éticos y políticos.

Los caracteres del despotismo son: el egoísmo, la violencia y el mero arbitrio (incluso por encima de la ley).

La oposición al despotismo intentará hacer prevalecer la Constitución y leyes justas sobre la voluntad única del gobernante.

La “ética social” es la que impone los mayores límites a los intentos amorales de los déspotas.

Inversamente, el mayor grado de incultura posibilita la existencia de déspotas, de la arbitrariedad, la obsecuencia, la impunidad.

La apatía o no participación social son gérmenes para esos vicios del poder, que permiten frases como la de Luis XIV: “El Estado soy yo”.

Estas consideraciones son aplicables en Argentina, donde padecemos la sumisión a la voluntad de una persona que ni siquiera detenta cargo alguno: Néstor Kirchner.

Se ha denunciado penalmente que impone sus decisiones a legisladores que integran el Congreso (despreciativamente llamado “escribanía”); a gobernadores e intendentes, sometidos por necesidades económicas.

Hace poco ordenó: “Del proyecto no se toca ni una coma”.

El poder discrecional sobre los recursos estatales le permitieron no rendir cuentas de los U$S 600.000.000 de Santa Cruz; ni acatar las órdenes de la Corte Suprema de hace 15 años, como en el caso Sosa.

Dispone del uso de aviones y de otros bienes públicos, como si fueran propios.

Con otros funcionarios, compró a precio vil tierras fiscales en Calafate, que vendió con utilidades superiores a U$S  6.000.000.

El obsceno enriquecimiento personal de funcionarios, parientes, socios, amigos, y hasta de sus secretarios, que incrementaron el patrimonio hasta el 118.000%, ¡ciento dieciocho veces! en menos de 3 años, constituye un agravio a la República y sus instituciones.

Controlan el juego y las obras públicas. Se venden medicamentos falsos. Quieren los medios de difusión. Lo robado pasa a ser lícito.

No hay radares. Los narcotraficantes ingresan al país sin problemas. Hijos de funcionarios reparten drogas en autos del Estado.

Cuando se vayan, ¿gozarán de impunidad?

Un analista graficó: “El problema hoy no está en la corrupción, sino en estar fuera de ella”. ¡Terrible!

Un cachetazo a la silenciosa y ciega Justicia. Una burla al Código Penal.

Mientras ellos se enriquecen, aumenta escandalosamente la cantidad de indigentes y pobres, que con casi el 40% y 15%, superan los de 2001. Crecieron el 150% las villas inestables.

Cae la producción; crecen las deudas interna y externa. Las provincias y municipios están casi quebrados.

¡Y tienen la arrogancia y desfachatez de afirmar que el mundo les copia el exitoso modelo!

En naciones serias, varios ya estarían presos, o al menos fuera del gobierno. El repudio social sería unánime.

Este gran y hermoso país, que fuera el granero del mundo, en 1929 competía con Estados Unidos.

Hoy estamos considerados entre los más corruptos, atrasados y con menos seguridad jurídica del mundo, con niveles similares a Armenia, Belice, Moldavia y otros.

El despotismo y las degeneraciones de la democracia republicana son consecuencia de la falta de cultura, de moral.

La Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) realiza evaluaciones, llamadas PISA. Por encargo de los gobiernos examina a estudiantes de 15 años en tres áreas: lectura, matemáticas y ciencias naturales. No mide sólo el conocimiento escolar, sino también la capacidad de entender y resolver problemas. Evalúa si podrían ser víctimas o constructores de su futuro.

Argentina padece el mayor deterioro mundial del nivel educativo. En el 2000 ocupábamos el puesto 35º sobre 41 países. En 2006, el 53º entre 57 naciones.

Seremos creíbles cuando imperen la Constitución y la justicia.

Cuando los delincuentes vayan presos.

Cuando por nuestras actitudes éticas recuperemos nuestras libertades y derechos republicanos.

Cuando se brinde cultura y trabajo al soberano para que deje de apoyar (por necesidad creada, “clientelismo”) a déspotas y tiranuelos, más propios de republiquetas despreciables, que de una nación respetada como fue y debería ser Argentina.

Edgardo Civit Evans

http://www.diariouno.com.ar/edimpresa/2009/10/28/nota227834.html

Be Sociable, Share!


Deje su Comentario