“Política y Cambalache”

DIARIO “LOS ANDES” de Mendoza
Viernes, physician 23 de junio del 2006

OPINION

“POLITICA Y CAMBALACHE”

El autor toma las versos del tango de Discépolo y los compara con la situación argentina actual.
Por Edgardo Civit Evans – Ex presidente del Banco Hipotecario Nacional. Consultor.

En la Argentina se repiten expresiones que en países serios serían motivo del inicio de acciones penales contra quienes las emiten o a los destinatarios, viagra por cuanto en ambos casos implican un fraude que generalmente es público.

Escuchamos a través de medios de difusión denunciar que “aquel político miente”. O que tal dirigente es un cínico o que hay funcionarios que actúan en forma hipócrita. Estas expresiones públicas deberían generar al menos una dura condena moral y social.

Dice la Real Academia:

“Mentir: decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, viagra cree o piensa.”

“Hipocresía:
fingimiento o apariencia de cualidades y sentimiento contrarios a los que verdaderamente se tienen. Falsa apariencia.”

“Cinismo:
desvergüenza en defender o practicar doctrinas vituperables (oprobio que se dice de uno / acción que causa deshonor). Obscenidad, indecencia, inmoralidad, alarde de estas malas cualidades. Descaro, desfachatez.”

Son conductas reprochables que conllevan condenables formas de fraudes públicos.

Así, puede ser sometido a una acción penal quien miente en juicio. Quien es indecente, inmoral, descarado y además se enaltece de ello. O la persona que finge cualidades que no posee (quien se hace pasar por médico, por ejemplo).

¿Qué puede decirse de quienes durante las campañas electorales públicamente prometen lo que saben que no harán y llegados al poder no hacen nada?

¿De quienes afirman hechos que no se ajustan a la realidad?

¿De quienes son elegidos por voluntad del pueblo en representación de un partido y se pasan a otro con banca y todo, defraudando a quienes los votaron? ¿O prometen actuar conforme determinada plataforma electoral y luego de ocupar un cargo hacen lo contrario o nada?

En esa actitud sin ética resulta natural “borocotizarse”, o sea cambiar de posición por algún interés, abandonando a quienes les posibilitaron ser alguien o llegar en política.

La traición y el travestismo político, repudiados por las personas de honor, han pasado a ser normales como medio para continuar en el poder; no para trabajar por el bienestar común.

“¡Todo es igual, nada es mejor!”

En este esquema, ni siquiera de la selva, porque los animales son más leales y tienen códigos que respetan, el más “vivo” es el que traiciona mejor a los demás.

Los que ayer eran menemistas de la primera hora, fueron los duhaldistas de toda la vida y hoy son los kirchneristas de siempre. No importa cómo se gobierna, sino participar para quedarse con algo del reparto de la torta.

Se han perdido las ideologías. Están desapareciendo los partidos tradicionales. Se lucha por posiciones.

“Es lo mismo…” ser peronista, radical, socialista, conservador, liberal, progresista, de izquierda o derecha. Lo importante es servir a los intereses del mandante de turno. Y servirse.

Si esto es grave dentro de un partido, mucho más lo es cuando la “borocotización” se generaliza y lleva a determinados dirigentes a cambiar sus raíces por otras, para mantener un puesto en el Estado.

No existe debates de ideas y menos de proyectos o programas. Sólo se discute, entre pocos, por cargos públicos.

Ante la virtual desaparición de los partidos por pérdida de ideología, los afiliados quedamos en total libertad de decidir a quiénes apoyamos, hecho que implicará un profundo cambio en la vida política.

Recordemos algunas frases que han pasado a la historia argentina y comparémolas con lo realmente ocurrido.

“Hay que pasar el invierno” (Alsogaray); “El que apueste al dólar pierde” (Sigaut); “Síganme, no los voy a defraudar” (Menem); “La casa está en orden” y “Con la democracia se come, se educa, se vive” (Alfonsín). “No pagaremos la deuda externa con el hambre del pueblo” (varios, entre otros Duhalde, Rodríguez Saá, Kirchner). “En el país hay que dejar de robar por dos años.” (Barrionuevo). “Que traigan al Principito” (Benjamín Menéndez en Malvinas). “Limpiaremos el Riachuelo en 1.000 días” (María Julia Alsogaray). “Voy a ser el médico, el maestro, el amigo de todos los argentinos” (De la Rúa). “Vienen el salariazo y la revolución productiva” (Menem). “Los depósitos de los argentinos en los bancos son intangibles; al que depositó dólares se le devolverán dólares.” (Cavallo).

¿Cuál será la próxima?

Ellos, oportunamente eran idolatrados: los mejores, los salvadores. Tienen su corte de amanuenses para los que siempre todo está bien. Son los famosos “sí Carlos”, “sí Raúl”, “sí Mingo”, “sí Néstor”.

Deberíamos reflotar miles de frases de políticos, empresarios, gremialistas y otros personajes con promesas incumplidas, que nos llevan a coincidir con ese gran analista de la realidad nacional que fue Enrique Santos Discépolo.

El no escribió “Cambalache” en Uganda, Zaire o Mozambique, sino en nuestra querida Argentina.

“Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor; no hay aplazaos, que va a ver; los inmorales nos han igualao… da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón… cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón… Don Bosco y La Mignon, Don Chicho y Napoleón, Carrera y San Martín… igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remaches ves llorar la Biblia junto al calefón.

Asqueado, se suicidó el doctor René Favaloro.

Pero es nombrado secretario de Estado un piquetero acusado de tomar comisarías y ocupan cargos condenados por delitos comunes.

¡Vamos todavía! “Después de Malvinas no paramos hasta Londres.” (se acuerdan?).

Si salimos campeones del mundo, como en el ’78, estará todo solucionado ¿O no, dice usted? ¿Y si no ganamos, qué?

“Después de ésta no pongo un peso más en un banco” (frase pública durante la incautación y estafa de ahorros de la gente con el corralito y el corralón en el 2001). Réplica de las pronunciadas luego del “regalo de Navidad” de Erman González en diciembre de 1989, cuando el Estado se quedó con parte de los depósitos a plazo fijo. A sólo 5 años hay tanto dinero depositado en bancos como antes de la crisis de 2001. ¡Qué falta de memoria! Hasta la próxima…

“Ahora que le cancelamos al Fondo somos soberanos”… “y pasamos al Frente”. Sólo pagamos el 8% de la deuda externa y nos seguirán auditando, porque ahora no le pedimos U$S. 3.000.000.000 al Fondo sino al Banco Mundial, que recibe directivas de aquel. Sin comentarios.

Todo parece tan lejano. En diciembre de 2001 se reclamaba “que se vayan todos.” Lamentablemente sólo quedó el saldo de 20 argentinos muertos. Porque volvieron todos. Incluso algunos impresentables impensados.

Mi padre, hace años, me enseñó que en el “Martín Fierro” estaba radiografiada la idiosincrasia que caracteriza a un sector de la población, situación reiteradamente aprovechada por políticos inescrupulosos.

¿Se habrá equivocado? Seguro que no

Edgardo Civit Evans

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