“La telenovela de Cris, …..Carlos S. La Rosa

 

La telenovela de Cris-Maduro y la de Lanato

Nunca, salve como durante la semana que pasó, cialis la realidad política argentina se pareció tanto a una ficción televisiva o cinematográfica. Como los mejores films del cine negro norteamericano o de la comedia a la italiana, desde los arrepentidos des-arrepentidos de Lanata hasta los twetts de Cristina en un baño bolivariano de damas, los argentinos, imitando la vieja serie de tevé, estamos entrando en la dimensión desconocida, donde nada es imposible.

Edición Impresa: domingo, 21 de abril de 2013
La telenovela de Cris-Maduro y la de Lanato

Por Carlos Salvador La Rosa – clarosa@losandes.com.ar

La telenovela de Cris-Maduro

El domingo pasado a la noche, con Lanata explicando la ruta del dinero sureño y con Maduro empatando con Capriles, la presidenta Cristina Fernández debe haber gritado tanto de furia que al día siguiente -todo el lunes,- enmudeció y, junto a ella, enmudecieron todos sus robots. Ni siquiera se transmitieron sus programas televisivos favoritos; favoritos porque los edita ella misma.

El martes recuperó la voz pero no habló de lo que la hizo enfurecer y luego enmudecer sino de su segunda patria, la que sigue liberada, raspando, por un punto y medio por ciento. Como una venezolana más, retó a Estados Unidos por no reconocer al nuevo gobierno y a la oposición venezolana por hacer marchas y protestar contra Maduro (ya que no se  atreve a retar a las marchas y protestas propias, al menos pudo descargarse criticando a las ajenas).

Sin embargo, a las pocas horas de haber recuperado la voz, enmudeció nuevamente -según su propia confesión twittera- cuando se enteró del fallo de la Cámara por la Ley de Medios.

Eso para ella ya fue el colmo pero ni siquiera era todo el colmo porque aún faltaba que salieran a la calle las cacerolas, las que, para supercolmo de los supercolmos, ocuparon las calles a fin de protestar contra la reforma judicial cristinista.

(Que más de un millón de personas se movilicen portando como bandera principal la protesta contra una reforma judicial debe ser un hecho único en el mundo, ya que se requiere una capacidad comunicacional genial por parte de los opositores o una torpeza comunicacional bestial por parte de los oficialistas, para convertir en una protesta multitudinaria, en un hecho masivo y popular, una cuestión tan abstracta como es el debate sobre Consejos de Magistraturas, Cámaras de Casación y cautelares).

Entonces, harta ya de estar harta, cansada de que esta semana le saliera todo en contra, mientras despotricaba contra los publicistas que la convencieron de que pusiera en la tevé pública ese spot televisivo oficial que decía: “Argentina, país de buena gente” (¡qué van a ser buena gente esta manga de protestones!, debe haber repensado), la Presidenta tomó un avión y voló raudamente a la reunión del Unasur a fin de instruir a sus pares latinoamericanos de que era necesario juntar todas las fuerzas para evitar que las fuerzas golpistas derrocaran a Maduro.

Parece que Capriles, indignado con que Cristina lo tilde todos los días de golpista juró que, si alguna vez llega a presidente, cobrará a la Argentina los trece mil millones que dice que Chávez le prestó. Pero, a no ser que logre la reelección indefinida, Cristina ya no estará en el gobierno cuando eventualmente suba Capriles y, para ese entonces, lo más seguro es que el presidente argentino del momento proclame un nuevo default al no poder asumir las deudas que Cristina le dejó por no haber pagado a Repsol, ni al Ciadi ni a Venezuela y por haber esquilmado al Banco Central y a la Anses. O sea que, en un caso u otro, con Cristina o sin Cristina, aconsejamos a Capriles que se olvide de esa plata. Ni Ella ni otros la devolverán.

Lo cierto es que la Cristina enfurecida y enmudecida recuperó la voz y la calma cuando pisó la tierra bolivariana liberada, desde la cual pudo contemplar, casi como una exiliada voluntaria, casi como su nuevo “lugar en el mundo” (porque en Santa Cruz también están avanzando los golpistas) a la Argentina esclavizada por culpa del Lanata golpista, los jueces oligarcas y las multitudes destituyentes.

Desde allí, y aunque cueste creerlo, twitteó en un baño de mujeres bolivariano el llanto por Chávez, compartido entre ella y las cuidadoras del higiénico lugar. Desde el olimpo de la revolución, tomó fuerzas para volver a combatir en su país contra la reacción que, al menos  por una semana, la dejó sin habla, o la obligó a hablar de las nubes de Úbeda, porque la realidad le fue demasiado adversa.

Aunque algo de razón tiene la Presidenta, porque nunca como en esta semana la Argentina se transformó en un país de ficción, en un país donde grandes películas de todos los tiempos -como “El Padrino”, “Buenos Muchachos”, “Los sospechosos de siempre”, “La Armada Brancaleone”, “Pulp fiction, “Ladrones de medio pelo”, “Caracortada” y tantas otras- se hicieron realidad. Al punto que podría decirse que en esta semana la Argentina logró ser un fenomenal popurrí, una síntesis magistral de todos esos films. La ficción convertida en una realidad aún más increíble y más fantástica que la misma ficción.

La telenovela del gordo Lanato

Un periodista al que en sueco llaman Lanato, el cual exactamente un año atrás popularizó las aventuras de “Isidoro” Boudou y sus compinches marplatenses, acaba de estrenar en la tevé no pública una nueva ficción que, en su primer capítulo, fue protagonizada por dos actores de reparto más desopilantes que los boudoulones, lo cual no es decir poco porque superar a “Vanderbrul” era algo casi inimaginable. Y eso es sólo el principio, porque los personajes principales -más allá de los cómicos de reparto- comenzarán a aparecer a partir de este domingo.

La historia narrada por la ficción televisiva es la de un empresario sureño -capitalista pero amigo- que se cansó -como en “Caracortada”- de que los bancos especializados le cobraran mucha comisión para lavar su plata; entonces le presentaron un encantador transfugueta, un “buen muchacho” especializado en operaciones financieras el cual, a cambio de un par de Mercedes y una festichola de casamiento con una exquisita vedette, donde todos los invitados se emborracharon con Dom Pérignon, le ofreció hacerle el lavado.

Para que lo ayudara, contrató a un empresario de cambios muy jovencito pero con familia de larga tradición en lavados, a fin de que lavara el dinero sucio (siempre y cuando los billetes no sean los que hacían los amigos de Boudou en Ciccone porque esos, de tan truchos, se arrugan al primer lavado).

Ahora bien, cuando las cosas empezaron a andar viento en popa, el operador financiero -no satisfecho con la comisión pactada- se quedó con alguno que otro vuelto, lo cual algunos exagerados elevan a la friolera de siete palos verdes. Y cuando lo descubrieron, el muy cobarde acusó de la sustracción a su amigo de la casa de cambios.

El que mexicaneó acusó al otro de mexicaneador. Entonces, como en “Pulp fiction”, el empresario mexicaneado le mandó un apretador profesional, de esos que no dejan huella (porque así como algunos se ocupan de lavar dinero, otros se ocupan de “lavar” personas, o lo que queda de ellas luego del lavado).

Allí fue cuando el pibe de la casa de cambios se hartó, porque no sólo no le creyeron que no se había quedado con el vuelto, sino que le hicieron vender la empresa y le amenazaron la familia (en realidad los mafiosos no es que no le creyeran, sino que creían que los que  mexicaneadores eran los dos tránsfugas y no uno solo, por eso apretaron a los dos).

Pero lo cierto es que el cambista se fue al programa de Lanato y contó todo, con lujo de detalles. Perdido por perdido, voy en cana, pero salvo la vida, se dijo. Y contó lo mismo que un año y medio atrás había contado el operador financiero, pero este último no lo hizo en “on”, sino en “off” (sin saber que lo estaban grabando) para ir luego a lo del empresario lavador y decirle que si lo seguía jodiendo con que le devolviera la plata, lo deschavaba con Lanato.

El gordo Lanato juntó los testimonios, el “off” viejo del operador, más el “on” nuevo del cambista, más otro reciente del operador, donde éstos confesaron todo lo que le preguntaban y si no le preguntaban confesaban igual porque, como es sabido, a los muchachos boudoulones más que gozar con sus conquistas, lo que les gusta es contarlas. Posan de machotes pero son, sobre todo, delatores innatos.

Y ocurrió que para unos cuarenta millones de argentinos (incluidos los incriminados en el affaire), lo que dijeron los dos buchones fue tan pero tan creíble, que los mafiosos les hicieron lo mismo que Michael Corleone le hizo en “El Padrino II” al testigo en contra cuando lo amenaza con matar a su hermano, y entonces el testigo desmiente todo lo que declaró.

En este caso, el cambista y el operador fueron obligados a desmentirse no ante la Justicia sino frente a periodistas amigos (porque no sólo hay capitalistas y jueces amigos sino también periodistas amigos). Sin embargo, lo único que lograron es que la sociedad entera confirmara la veracidad total de sus declaraciones iniciales.

Es que sus desmentidas, de tan burdas, recontraconfirmaron lo que pretendieron desmentir estos pequeños “ladrones de  medio pelo”, asesorados por abogados que copiaron literalmente sus argumentos de “Los sospechosos de siempre” (película que si no la vieron, vayan a verla ya mismo, y si la vieron no podrán menos que sorprenderse con el inmenso parecido entre su argumento y la desmentida de Fariña).

En síntesis, hemos reproducido algunas escenas del primer capítulo de la nueva telenovela política argentina 2013. La de más alto rating. Continuará.

Be Sociable, Share!


Deje su Comentario